Chile, Japón y California en alerta por observaciones en mapas de riesgo sísmico

Después de que un doblete de terremotos sacudiera a Venezuela, Chile, Japón y California redoblan la vigilancia sobre los mapas de peligro sísmico ante las probabilidades de movimiento en sus territorios.

Aunque los eventos registrados en este país no modifican el riesgo sísmico de otros países, sí reavivan el interés sobre la preparación ante futuros eventos de esta naturaleza en regiones de alta actividad tectónica.

Hoy, sus sistemas de monitoreo de estas zonas intentan detectar con mayor anticipación cualquier liberación brusca de energía acumulada en las placas tectónicas, para emitir alertas tempranas que permitan reducir el impacto sobre la población.

Aunque estos sistemas no pueden predecir un terremoto ni impedir la propagación de las ondas sísmicas, sí ofrecen segundos valiosos para activar protocolos de emergencia y minimizar los daños provocados por vibraciones intensas, deslizamientos de tierra y tsunamis.

Aunque la distribución de la sismicidad es desigual en el planeta, la mayor parte de los terremotos se concentra en los límites de las placas tectónicas, donde estas convergen, se separan o se deslizan entre sí. Esa es la situación de Chile y California, cuyo contexto geológico define su peligro sísmico por la proximidad con fallas activas. Si bien cada placa se mueve a su propia velocidad e interactúa a su manera, los reajustes tienen consecuencias.

California entre dos fallas

En California, el miércoles 24 de junio, horas antes de los terremotos en Venezuela, un sismo de magnitud 5,6 impactó una zona rural del norte de Willits, en el condado de Mendocino, unos 225 kilómetros de San Francisco. La sacudida, que fue superficial, cercana a los ocho kilómetros de profundidad, se posicionó como la más fuerte desde 1940.

Información Panampost

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