El 20 de julio, la cuenta de Binance Latinoamérica publicó en X un mensaje breve, casi enigmático: «Escuchamos. Trabajamos. Ya casi», acompañado de un video con una tarjeta de criptomonedas difuminada. No hubo fecha, no hubo detalles técnicos, no hubo comunicado oficial. Y sin embargo, en cuestión de horas, la posibilidad de que en Venezuela se empiece a utilizar una tarjeta de Binance se convirtió en noticia.
Algunas fuentes del sector apuntan a que el lanzamiento podría producirse en agosto, aunque hasta ahora Binance no lo ha confirmado.
Un instrumento más, no un punto de partida
Esto no es el inicio de la adopción cripto en Venezuela, es una nueva capa sobre una adopción que ya es masiva. La resistencia a los aplicativos cripto ha venido, paradójicamente, más de las grandes corporaciones (atadas a la banca tradicional) que de las pymes, los comerciantes y los emprendedores, sectores que fueron los primeros en adoptar estas herramientas y que, además, suelen ser los más golpeados cuando ocurren crisis o desastres en el país.
En Venezuela, la eventual tarjeta de Binance no llegaría a un terreno virgen, sino a un ecosistema que ya sabe moverse en criptoactivos y que ya resuelve buena parte de sus pagos cotidianos a través de plataformas P2P. Las cifras que el economista Asdrúbal Oliveros presentó en un programa de Unión Radio, tomadas de un estudio sobre medios de pago del sector, así lo revelan: el conocimiento de aplicativos cripto supera el 50% en la población económicamente activa, y esa cifra sube a más de 65% entre los venezolanos de 25 a 40 años.













