Profesor, Santiago Rodríguez
Hace unas semanas analizamos cómo la cronopolítica —control y manipulación del tiempo— define el tablero venezolano tras los cambios en la cúpula del régimen del pasado tres de enero. En aquella oportunidad examinamos cómo la estrategia de dilación del oficialismo y los ritmos de Washington obligan a María Corina Machado a buscar el momento oportuno para imponer su agenda. No obstante, el impacto del doble terremoto sobre esta dinámica del poder intensificó drásticamente la incertidumbre política.
A partir de este profundo sentimiento de inestabilidad, se ha desatado una guerra de narrativas: mientras los detractores de María Corina Machado tildan de oportunismo político su retorno al país, sus aliados lo defienden como un acto de responsabilidad moral y humanitaria ante la reciente catástrofe.
En este cruce de opiniones y supuestas filtraciones del Departamento de Estado, es imperativo descifrar la lógica interna que moviliza a cada actor. Para ello, resulta metodológicamente idóneo recurrir al método Verstehen —enfoque cualitativo que busca la comprensión interpretativa de la acción social, considerando las motivaciones subjetivas y el sentido que los propios actores otorgan a su conducta—. Lejos de pretender adivinar el futuro, este ejercicio trazará escenarios probables y ofrecerá una aproximación analítica para descifrar, desde sus propias racionalidades, las jugadas de las tres figuras clave en esta encrucijada:
Comencemos con Delcy Rodríguez y la cúpula que representa:
Motivación subjetiva: Su motor interno responde a una premisa de supervivencia absoluta y no a la lógica de alternancia democrática. Desde su racionalidad, la preservación incondicional del poder se asume como una necesidad existencial para la cúpula oficialista.
Sentido de su acción: Someterse al interés transaccional de Trump tiene una utilidad política que busca conservar el poder. Sus movimientos apuntan a dilatar la reestructuración de los poderes públicos y atomizar a la oposición, asimilando la presión internacional como una variable controlable mientras contiene el riesgo de desestabilización social vinculado al regreso de María Corina Machado.
Próximo paso descifrado: Su estrategia se orienta a ralentizar el calendario para desgastar el capital político de la líder en el exilio, antes de que el régimen alcance el inminente quiebre con la Casa Blanca. Buscará ganar aprobación mediante el aumento progresivo de las transferencias directas, mientras exige el veto a Machado al apelar al estado de emergencia nacional. Así, procura contener la demanda electoral sin proyectar una imagen autoritaria, apalancándose en los recursos petroleros, la cooperación multilateral y el financiamiento externo en la medida que se levantan las sanciones.
Incertidumbre política: ¿Cuánto más podrá durar la frágil alianza con EEUU y la precaria estabilidad que garantiza la permanencia del régimen? ¿Cómo aprovechar la emergencia del doble terremoto y el control de los ingresos del petróleo para ganar tiempo, mientras se busca neutralizar la ofensiva global de María Corina Machado y las condiciones democráticas que, tarde o temprano, la Casa Blanca terminará exigiendo?
La falsa certeza: Asume con ceguera deliberada que el tiempo correrá a su favor y que su capacidad de demora burocrática es sostenible a largo plazo —incluso más allá del mandato republicano—, subestimando tanto el nivel de descontento social como la naturaleza imprevisible del presidente Trump.
Pasemos ahora a evaluar la lógica de negocio que guía a Donald Trump:
Motivación subjetiva: Su motor principal es el interés económico de su país y el impacto en su electorado. Se rige por un pragmatismo de costo-beneficio fuertemente vinculado a la seguridad energética. En su racionalidad, la geopolítica no se aborda desde posturas morales o democráticas, sino como una mesa de negociación donde el objetivo central es asegurar ventajas tangibles y victorias tempranas para su propia base política. Bajo esta óptica, el doble terremoto es visto como un desafío logístico que demanda soluciones de ingeniería y orden, indispensables para blindar la extracción petrolera y prevenir un desbordamiento migratorio en sus fronteras.
Sentido de su acción: Usa la polarización y la crisis humanitaria como herramientas de negociación. Su conducta demuestra que el conflicto local pasa a un segundo plano frente a la demanda de combustible barato. Al manejar estratégicamente las licencias y sanciones, busca forzar al régimen a concertar la ruta electoral. Respecto a María Corina Machado, opera mediante un reconocimiento condicionado: la utiliza como pieza de contrapeso sin otorgarle un cheque en blanco. Sabe que reducir su respaldo o excluirla de la negociación diluiría la centralidad política de ella en el nuevo diseño del poder.
Próximo paso descifrado: El despliegue de una estrategia de presión máxima condicionada. Su jugada probable será alternar amenazas retóricas con ofertas de acuerdos muy específicos. Buscará asfixiar los márgenes de maniobra del régimen, pero con una rendija abierta a la negociación si esta no le genera un costo político de cara a sus próximos compromisos electorales. Su meta inmediata es estabilizar el conflicto nacional y mantener canales de comunicación abiertos con la líder opositora sin romper públicamente con ella, mientras prioriza la ayuda humanitaria. De este modo, conservará la carta de María Corina Machado bajo la manga para cuando la tercera fase sea impostergable y los acuerdos petroleros requieran un nuevo marco legal que garantice las inversiones de EEUU.
Incertidumbre subjetiva: ¿En qué momento exacto el costo político de tolerar al régimen de facto superará los beneficios estratégicos del suministro petrolero? ¿Hasta qué punto puede la Casa Blanca sostener la viabilidad del gobierno de Delcy Rodríguez sin provocar una ruptura irreversible con María Corina Machado, desencadenando una crisis interna con congresistas republicanos y su base electoral hispana? ¿Bajo qué condiciones podría la líder opositora girar estratégicamente hacia el ala demócrata en busca de respaldo político para acelerar la transición, afectando directamente la candidatura de Marco Rubio y el blindaje electoral de su partido en estados clave?
La falsa certeza: Confía plenamente en alcanzar acuerdos basados en beneficios financieros y presión militar, subestimando el descontento popular y la convicción política de los venezolanos. Este enfoque corporativo ignora que dicha estrategia fracasa ante actores movilizados por un imperativo de supervivencia absoluta o racionalidad axiológica. Lo primero define al régimen, para el cual entregar el poder equivale a desprotección total con consecuencias jurídicas internacionales; lo segundo rige la conducta de María Corina Machado. Ceder en lo moral sería un suicidio político para ella, ya que destruiría la coherencia ética y el apoyo social que la legitiman.
Cerremos nuestro ejercicio analizando la postura de María Corina Machado:
Motivación subjetiva: Su motor interno se fundamenta en una urgencia moral, institucional y de legitimidad popular indoblegable. Desde su racionalidad, la convulsión política y social que atraviesa la nación no admite postergaciones transaccionales ni normalizaciones burocráticas. Su empuje está guiado por la voluntad popular y la convicción ética de forzar una democratización real y definitiva, rechazando cualquier arreglo que perciba como una capitulación o una estabilización del statu quo. Para ella, el drama humano del doble terremoto no puede separarse de la necesidad de un cambio profundo que permita una reconstrucción transparente y justa.
Sentido de su acción: Su conducta se traduce en una estrategia de presión internacional donde la coherencia moral opera como la principal fuente de legitimidad y poder político. A través de su performance comunicacional, su gestión busca desmantelar la narrativa de normalidad que el interinato intenta proyectar, utilizando la condición de premio nobel para mantener la mirada del mundo sobre la crisis de fondo y desafiar las restricciones que le imponen desde Washington.
Próximo paso descifrado: Romper el cerco de la Casa Blanca para acordar su retorno al país. La estrategia consistirá en apalancar su liderazgo moral (soft power) y desplazar el foco político hacia el plano humanitario, visibilizando el sufrimiento del desastre natural para proyectarse como una figura constructiva y con visión de Estado. Al eludir la confrontación directa con el rodrigato o el utilitarismo de Trump, preservará su relación con Washington y reorientará su influencia hacia la diplomacia multilateral, demostrando que el tablero mundial va más allá de EEUU. En paralelo, delegará la conducción interna en su partido para movilizar la calle, modelando la frustración ciudadana en presión social. El objetivo de fondo es evidenciar la inviabilidad de la dilación de Delcy Rodríguez y del calculo económico del mandatario norteamericano, quien antepone el negocio petrolero al principio democrático.
Incertidumbre subjetiva: ¿Hasta qué punto su legitimidad moral y prestigio internacional pueden sortear el veto de regresar al país? ¿Cuánto más puede seguir siendo paciente frente a la Realpolitik de la Casa Blanca antes de que la inacción dañe su credibilidad y liderazgo? ¿Cómo puede activar la protesta social sin que parezca que está saboteando la ayuda humanitaria y la reconstrucción del país?
La falsa certeza: Sobredimensiona el alcance de su liderazgo como palanca automática de la transición. Es demasiado optimista al creer que la movilización popular por sí sola obligará al régimen a convocar elecciones inmediatas o condicionará las decisiones geoestratégicas de Washington.
Al confrontar estas tres lógicas bajo el método Verstehen, se evidencia que el conflicto no radica en la falta de comunicación, sino en la incompatibilidad radical de los motivos subjetivos de cada actor. El tablero actual está atrapado en un nudo gordiano donde colisionan la supervivencia del oficialismo, el pragmatismo energético de Washington y la urgencia de un cambio democrático. Ante la negativa de ceder en sus respectivos cálculos internos, el escenario más probable no será un acuerdo armónico, sino una tensa relación de desgaste donde vencerá quien logre imponer el ritmo de su agenda.













