La agendapública.es presenta el panorama político actual de Italia, país europeo cuya coalición no se ha definido para las elecciones generales previstas para el 22 de diciembre de 2027 y aunque demasiado pronto para una línea definida derechanews.com hace un recuento escrito por Cesáreo Rodríguez-Aguilera de Prat, para dar una idea de dónde salen los giros.
El Gobierno de Giorgia Meloni presenta algunos síntomas de desgaste y los sondeos apuntan a un escenario de posible empate técnico con la oposición, lo que obliga a los partidos de ésta a acelerar las negociaciones para formar una eventual coalición alternativa.
En estos momentos, este es el panorama: en las derechas, Fratelli d’Italia (FdI) 26,2% (pierde un 0,5%); Forza Italia (FI) 9% (pierde un 0,5%); Lega 5,8% (pierde un 2,9%) —a la vez que el partido Ultra, de Roberto Vannacci crece (4,1%)— y, en la oposición, el Partito Democrático (PD) 22,3% (gana un 3,3%); el Movimento 5 Stelle (M5S) 13,2% (pierde un 2,2%; Alleanza Verdi Sinistra (AVS) 6,7% (gana un 3,1%) y los centristas de Italia Viva (IV) 2%; Azione (AZ) 3%, que en 2022 concurrieron coaligados (7,7%), retroceden un 2,7%.
Según este artículo,eEn total, todas las derechas suman un 46,1% y todas las oposiciones, un 46,6%, según el sondeo de YouTrend del mes de abril. De ahí que ahora sea crucial para todos los partidos la anunciada enésima reforma electoral, dado que el Rosatellum vigente parece agotado, lo que se presenta difícil y menos rápido de lo que desearía Meloni.
El Gobierno de las derechas lo tiene mejor que la oposición, no solo porque estar en el poder siempre es un plus, sino porque FdI es mucho más fuerte que la Lega y FI, mientras que en la posible coalición progresista la distancia entre el primer partido (PD) y el segundo (M5S) es bastante menor, todo ello por no dejar de considerar la ambigüedad de los centristas.
A las oposiciones las une el rechazo a Meloni, pero esto no basta para ganar, pues falta una estructura coalicional, un programa común de gobierno y un líder que encabece la alternativa. Y esos tres objetivos no son nada fáciles de concretar. En principio, los partidos de la oposición son conscientes de que para derrotar a Meloni deben buscar inevitablemente fórmulas de entendimiento (el campo largo, es decir, el campo ancho), siendo las claves las negociaciones entre el PD y el M5S como principales formaciones.
Lo cierto, es que las relaciones entre ambos partidos son complicadas y oscilan entre la colaboración táctica y la competencia. Giuseppe Conte (M5S) afirma que en primer lugar se debe establecer el programa, puesto que hay diferencias en política exterior y económica no menores entre el M5S y el PD, y solo después habría que acordar el nombre del líder de la coalición.
Además, de momento no hay consenso sobre la fórmula de elección (¿primarias abiertas?, ¿acuerdo entre cúpulas partidistas?). Unas primarias abiertas posiblemente darían más oportunidades a Conte frente a Elly Schlein (PD), a la que el M5S no desea ver como líder de la eventual coalición. Pese a las dificultades, se han ensayado a nivel regional acuerdos entre ambos partidos que han funcionado (en Cerdeña, por ejemplo), aunque es sabido que las dinámicas territoriales son diferentes de las nacionales.
Conte, no tiene ninguna prisa por formalizar una coalición progresista, puesto que su objetivo es reducir la distancia entre el M5S y el PD y repartir mejor los equilibrios internos de aquella para tener entonces la máxima fuerza condicionadora. Por tanto, se beneficia del hecho de carecer de contestación en su partido e impulsa una estrategia más competitiva que colaboradora.
Mucho menos problemas plantea AVS (Angelo Bonelli y Nicola Fratoianni), porque está empeñada en forjar la alianza entre el M5S y el PD, a la vez que desconfía de los centristas. En estos radica precisamente una dificultad no menor: Matteo Renzi (IV) parece más favorable a participar en la propuesta de campo largo, pero Carlo Calenda (AZ), es mucho más ambiguo y está bastante cercano al centroderecha, sin dejar de mencionar que IV quisiera aupar al sector moderado del PD frente a Schlein.
Por tanto, si ya el apoyo de Renzi es parcial, el de Calenda no se ha dado; es más, ha señalado que el campo largo que vaya desde AVS a AZ es inviable por su excesiva heterogeneidad y reproduciría los errores de las contradictorias y conflictivas experiencias del Ulivo y la Uniones, de ahí que su apuesta sea configurar un tercer polo autónomo de tipo centrista liberal que rechace la bipolaridad.
La principal responsabilidad de una posible alternativa a Meloni recae sobre el PD, un partido que arrastra carencias y debilidades históricas en forma y fondo hasta el punto de que ha sido calificado por algunos analistas como opartido inadecuado o incluso equivocado.
En efecto: 1) el PD es un partido que superpone elementos muy diferentes (excomunistas y exdemocristianos), siendo muy heterogéneo y altamente corrientista; 2) se ha estructurado como partido profesional-electoral con bajo enraizamiento social y territorial; 3) pese a estar formalmente en el Partido de los Socialistas Europeos, el PD no es un partido socialdemócrata coherente y 4) algunas de sus políticas son muy contradictorias y, a veces, contrarias a la tradición histórica de la izquierda avanzada.
Schlein se ha propuesto modificar todo esto: reducir al máximo el corrientismo interno, apostar por políticas sociales equitativas e inclusivas y defender la integración europea y el multilateralismo internacional. Aunque no ha podido erradicar el corrientismo, lo ha reducido y ha impuesto una línea estratégica que implica acordar en primer lugar con el M5S, aunque solo sea por necesidad mutua. Pese a que ella ganó las primarias del PD (en febrero de 2023, con el 53,8%), tiene mucha oposición interna en parte del aparato y de los cuadros intermedios que la consideran excesivamente escorada a la izquierda pese a su estilo moderado, si bien hoy por hoy no tiene alternativa.
En Italia, las izquierdas no pueden ganar si no captan a la mayoría de los centristas y esto tiene pros y contras: con ellos se pueden vencer unas elecciones, pero después se hace difícil impulsar agendas socioeconómicas muy avanzadas.
El principal problema de las oposiciones en Italia es que se necesitan todos sus miembros (desde AVS hasta AZ) para ganarle a Meloni y eso ya se constató con los gobiernos de Prodi que derrotaron a Silvio Berlusconi. Inevitablemente, una coalición que vaya de la izquierda radical al centroderecha no melonista forzará políticas de compromiso no muy ambiciosas, a la vez que obligará a equilibrar el eventual chantaje de sus extremos, y estos son los principales desafíos que tendrá que afrontar si es capaz de ganar en 2027, algo nada sencillo.










